CALENDARIO DE ADVIENTO – DISCIPLINA POSITIVA ( PARTE I)

Autora: Esperanza Velilla

Coach Educativo , experta en Inteligencia Emocional, PNL y Disciplina Positiva

Este tiempo de adviento es un periodo de preparación, de reflexión para la llegada del niño Jesús. La llegada de un niño a la familia lo cambia todo. Nada volverá a ser como antes. Se producen una multitud de emociones que a veces no sabemos gestionar y que nos acompañarán durante su crianza.

Podemos sentir alegría, ilusión, amor, felicidad, pero también debemos ser conscientes que vendrán momentos de inseguridad, de miedo, de indecisión, de tristeza, de enfado…

Quizá si tenemos clara nuestra intención final sobre cómo queremos educar a ese niñ@, el camino sea más sencillo y los obstáculos más fáciles de “capear”.

Así que durante estos días vamos a cuestionarnos nuestra forma de acompañar a nuestros hij@s y qué habilidades de vida queremos que adquieran.

1.- Te amo incondicionalmente:

Seguro que si alguien te pregunta si quieres a tu hij@ incondicionalmente tu respuesta es “por supuesto que sí”. Pero qué pasaría si le preguntamos a tu hij@…

Igual contestaría “Cuando suspendo me quiere menos” o “No porque siempre me castiga” o “me riñe mucho cuando no recojo los juguetes o la mesa”. El amor incondicional es un sentimiento hacia alguien sin depender de su comportamiento, sin recibir nada a cambio, sin satisfacer ninguna expectativa.

Pablo Neruda decía: “Te amo sin saber cómo, cuando ni dónde. Te amo simplemente, sin problemas ni orgullo”

2.- ¿Qué imagen estás transmitiendo a tu hij@ de si mismo?

¿Has probado alguna vez a preguntarle a tu hijo cómo crees que eres? Y si es demasiado pequeño para contestar, has pensado ¿qué te gustaría que contestase? Quizá su respuesta esté basada en lo que le transmiten las personas que le rodean. ¿Lo que recibe de ti, le favorece o le frena en su día a día? ¿Le da alas o le limita? Si quieres que se sienta como un águila imperial, poderos@, magestuos@… Todavía estás a tiempo.

3.- Los niñ@s tienen necesidades biológicas y emocionales, pero ¿las satisfaces de la misma manera? ¿Las consideras igual de importantes?

Estaremos de acuerdo en que los niñ@s tienen unas necesidades biológicas que debemos cubrir como alimentarse, descansar, beber agua, estar limpios… Pero existen otras, no menos importantes que solemos olvidar que son las necesidades emocionales.

¿Alguna vez le has dicho algo así como “hoy no cenas que ya cenaste ayer?” Verdad que no…Entonces, por qué cuando viene contándote un problema que le preocupa le contestas “eso no tiene importancia” o le dices “que tu problema del trabajo sí que es importante y que no tienes tiempo ni para escucharle”.

4.- Las etiquetas, da igual positivas que negativas, coartan la personalidad de los niños

¿Alguna vez te has referido a tus hij@s diciendo “es que es un llorón”, o “es que es un vago” o “es super-responsable” y te ha escuchado?. A pesar de hacerlo sin mala intención, el niño va asumiendo que es así (identidad) y que nunca podrá cambiar. Actuará para no defraudar las expectativas que los adultos tienen depositadas sobre ellos y su uso puede afectar a su autoestima.

En cambio si nos referimos a sus comportamientos entenderán que estamos hablando de momentos puntuales y no de su esencia.

5.- Conecta con tu hij@ antes de corregirle:

Cualquier “acción correctora” para ser eficaz tiene que comenzar conectando con la persona. Primero el niñ@ tiene que sentirse querido, y para ello es fundamental validar sus sentimientos, que sepa que le quieres por lo que es.  Con eso conseguiremos crear un vínculo de confianza, seguridad, cercanía…frente a los sermones, los castigos y las culpas. Después podrás corregir involucrando, si es posible al niñ@ para encontrar soluciones conjuntas.

6.- Todas las emociones que siente tu hij@ son necesarias, le están dando información fundamental, no se las niegues.

Las emociones que sentimos todos, se activan a partir de un acontecimiento que puede ser externo o interno, actual, pasado, futuro, real o imaginario…Entonces se produce una respuesta emocional, es decir, una valoración de ese acontecimiento como positivo o negativo. Por lo tanto, una emoción no depende del acontecimiento en sí, sino de la forma que tengamos de valorarlo.

Las emociones no se pueden evitar, aunque sí podemos controlar nuestro comportamiento asociado, se producen de manera automática, son subjetivas y muy intensas, son breves, pasajeras, y nos protegen ya que aumentan nuestras probabilidades de supervivencia.

Negar cualquiera de las emociones que siente tu hij@ supone omitir toda la información que le está proporcionando. Así va a tener mayores dificultades a la hora de decidir qué acción tomar.

Cuando son muy pequeños necesitan que seamos los adultos quienes legitimemos y pongamos nombre a lo que sienten. Quienes pongamos una narrativa para que entiendan lo que han sentido, notado, pensado y hecho. De esta manera se irán adentrando en la educación emocional.

7.- ¿Te has parado a pensar cuántas órdenes reciben a lo largo del día nuestros niñ@s o adolescentes?

¿Te has parado a pensar cómo te sentirías tu en su lugar, recibiendo tantas órdenes a veces poco claras y de tantas personas? Vamos a imaginar que es por la mañana, y que los levantamos para ir al colegio. Podría ser algo así como:

“vamos levanta que tenemos el tiempo justo”, “desayuna” “lávate bien y no te olvides de los dientes”, “péinate”, “no te dejes el almuerzo”, “ponte el abrigo y el gorro para que no tengas frio”, “prepárate la mochila”, “déjate la habitación recogida”, “móntate en el coche”, “bájate del coche”, “ponte el cinturón”….

Y probablemente no haya pasado más de una hora…

Por eso te propongo:

1.- Que elijas muy bien qué ordenes das, y en qué momento para no agobiarles. En esta situación “menos es más”.

2.- Que cuides el tono de voz (suave y firme al mismo tiempo) y tu lenguaje corporal al dirigirte a ellos, agachándote a su altura si es necesario, mirándole a los ojos y no como a veces pasa, desde otra habitación.

3.- Que seas claro y preciso, con frases cortas y en positivo

4.- Que seas constate, es decir que si hoy le dices al niño que haga algo al día siguiente no le ordenes lo contrario.

5.- Que haya reconocimiento por tu parte con mensajes como “estoy muy content@ con lo que has hecho”. El reconocimiento también es una de las necesidades del ser humano.

Ahora a practicar.

8.- ¿Tiene tu hij@ desarrolladas sus capacidades para realizar todo aquello que le pides?

En otras palabras, ¿sabes diferenciar entre lo que tu quieres que consiga y lo que madurativamente puede alcanzar?

La neurociencia, encargada del estudio del cerebro, ha avanzado muchísimo en estos últimos 30 años gracias a técnicas como neuroimaging con las que podemos observar el cerebro en acción.

El desarrollo de nuestras capacidades está relacionado con el desarrollo de la corteza frontal y de sus conexiones con otras estructuras corticales y subcorticales, alcanzando su madurez aproximadamente a los 25 años.

Algunas de las últimas en alcanzarse son: la flexibilidad cognitiva, la inhibición, la planificación, la memoria de trabajo, la toma de decisiones, la resolución de problemas, el razonamiento, la fijación de metas, la anticipación…

9.- Educar no es meter información en los niñ@s sino desarrollar todas las capacidades que ya tienen y potenciarlas al máximo.

 El origen etimológico de educar proviene del latín: ”ducere” que significa guiar o conducir. Algo así como transmitir conocimientos y patrones de comportamiento de acuerdo a la cultura de la sociedad en la que vivas.

Gracias a Howard Gardner aprendimos que existen múltiples inteligencias dentro de cada uno y ya no se nos evalúa conforme a un coeficiente intelectual único.

Por eso, me atrevo a decir que educar es sacar el máximo potencial a esas capacidades que los niñ@s tienen. Son seres completos, plenos de recursos que debemos descubrir y potenciar. Que tomen conciencia de sus propias habilidades hará que tengan una fuerte autoestima

10.- ¿Cambiaría algo si en lugar de mirar en nuestros niñ@s y adolescentes lo que hacen mal vieramos todo lo que hacen bien?

Es lo que llamamos cambiar el foco de atención. ¿Qué te gusta más que te digan a ti lo que haces bien o lo que haces mal? Evidentemente, lo que haces bien, claro. Pues a ell@s también.

Te invito a que cada vez que creas que ha hecho algo mal, pienses dos cosas que ha hecho bien. Además, puede ayudarte saber que los errores son una fuente de aprendizaje y por tanto, cada vez que falla son oportunidades de mejora. Así que realmente no lo ha hecho mal, sino que puede mejorarlo.

Un simple cambio de interpretación puede mejorar vuestra relación.

11.- ¿Qué ganarías si dejaras de llevar la razón y dejaras de pronosticar lo que va a pasar?

Aquí me gustaría hablarte de la diferencia entre un hecho y una interpretación.

Por ejemplo,” mi hij@ no ha hecho los deberes”, eso sería un hecho, algo que ha ocurrido. Y una interpretación seria “como siga así va a suspender”, o “es que es una vag@ y un@ irresponsable”.

Ante un mismo hecho podría haber tantas interpretaciones como personas porque están basadas en nuestras experiencias, nuestras creencias, nuestros valores…

Por eso ¿que yo interprete de una manera determinada quiere decir que no hay otra interpretación posible? ¡No! ¿Qué pasaría si yo dejo de llevar la razón en que va a suspender o que es una vaga y pienso que algo le ha impedido hacerlos y me preocupo por indagar qué ha ocurrido? ¿Esta interpretación que yo hago me acerca o me aleja de mi hij@?

Con niñ@s más pequeños también podemos hacerlo. Por ejemplo: “mi hij@ ha pegado a un amigo”. Ese sería el hecho. La interpretación sería: “es que es un pegón”, o “es que se porta fatal”.

¿Qué pasaría si yo pienso que es posible que no haya encontrado otro recurso para esa situación y que además ha utilizado la que ya le había funcionado en otro momento? Ahora soy consciente de que puedo enseñarle otras habilidades que va a necesitar y que todavía no tiene.

Y de nuevo ¿esta interpretación me acerca o me aleja a mi hij@?

Tu decides, somos posibilidades.

12.-¿Estás enseñando a tus hijos a que se enfrenten a los problemas diarios o se los estás solucionando tu?

Aquí me gustaría hablarte de la diferencia entre apoyo y ayuda y querría hacerlo con una historia: “Cuentan que hace muchos años, hubo una vez un rey que cansado de una vida tranquila en palacio colocó una gran roca en medio del camino principal de entrada al reino obstaculizando el paso.  Luego se escondió para ver si alguien la retiraba.

Los comerciantes más adinerados del reino y algunos cortesanos que pasaron simplemente rodearon la roca. Muchos de ellos se quedaron un rato delante de ella quejándose, y culparon al rey de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo nada para retirar el obstáculo.

Entonces llegó un campesino que llevaba una carga de verduras. La dejó en el suelo y estudió la roca en el camino observándola. Intentó mover la roca empujándola y haciendo palanca con una rama de madera, después de empujar y fatigarse mucho, finalmente logró apartar la roca. Mientras recogía su carga, encontró una bolsa, justo en el lugar donde había estado la roca.  La bolsas contenía una buena cantidad de monedas de oro y una nota del rey, indicando que esa era la recompensa para quien despejara el camino.

El campesino aprendió lo que los otros nunca aprendieron: Cada obstáculo es una oportunidad para mejorar la propia condición.”

Conclusión: podemos esquivar las dificultades que vendrán, echarles la culpa a otros, quejarnos, no hacernos cargo, solucionárselas directamente o podemos apoyarles a que busquen soluciones y crezcan con cada una de ellas.

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