¿Cómo gestionar la vuelta al cole? El rol del profesor

La vuelta al cole es siempre un momento de mucha tensión para las familias, hay que comprar todo el material necesario para el nuevo curso e incluso cuadrar las actividades extraescolares para que sean compatibles para todos los miembros de la familia. Además, si a esto le añadimos la situación actual, lo convierte en una vuelta al cole atípica y desconocida que genera mucha incertidumbre tanto en los niños, en las familias y, por supuesto, en los profesores.
Para los estudiantes, no es tarea fácil retomar la rutina escolar después de haber estado desconectados durante seis meses de las aulas. Además, con el agravante de regresar a un entorno muy distinto al que esperaban encontrar. Debiendo tener en cuenta que hay que respetar las medidas de distancia social, que tienen que llevar mascarilla, lavarse las manos con frecuencia, aparte de las limitaciones o cambios en las actividades grupales.
Este cambio en la forma de socializar con sus compañeros y profesores va a tener un coste emocional en los niños y adolescentes y conviene reforzarles a este aspecto. Nos deberíamos centrar en las necesidades emocionales y afectivas de los alumnos, porque una mala gestión de éstas generalmente puede avocar al fracaso escolar. Nuestra sugerencia es aportar al niño de suficiente estabilidad y seguridad en el aula para que pueda afrontar con más facilidad todos los cambios que estamos viviendo por el COVID-19.
Tampoco se debe olvidar como están viviendo esta situación los profesores, la mayoría de ellos seguramente estén sintiendo miedo, incertidumbre y estrés. La dificultad radica fundamentalmente en encontrar el equilibrio entre respetar las medidas de seguridad y continuar con el buen desarrollo de la actividad en el aula. Es de gran transcendencia conocer cómo llegarán los alumnos al nuevo curso, cuál será su nivel de conocimientos, de motivación, sus posibles dificultades de aprendizaje y especialmente en el área emocional.
La enseñanza no solo debe centrarse en lo curricular, sino que debe ir más allá, y más aún en estos momentos. El contacto social mediante el juego, el desarrollo de habilidades y la inteligencia emocional se tiene que trabajar y reforzar cada vez más en las escuelas. Ahora, la dificultad es combinar estos proyectos educativos con las restricciones que impone la COVID-19.
Como profesores, primero deberíamos transmitir tranquilidad al alumno y recordarle las medidas higiénicas y de seguridad que debe tomar. La única solución está en protegerse cada uno de manera cuidadosa. Si ponemos atención en esto, nos cuidamos y somos respetuosos con los demás, todo irá bien. Una vez asegurada la protección física, deberemos poner el foco en cuidar la parte emocional.
Es importante pararse a pensar y reconocer las emociones que estamos sintiendo. Reconocer las emociones consiste en la capacidad que tiene una persona de identificar y aceptar las emociones, propias y ajenas. Toda emoción responde a motivos que, para nosotros, tienen un significado particular capaz de alterar nuestros niveles de consciencia. Si aceptamos la situación y somos capaces de afrontarla, por muy irracional que parezca la causa, entonces, de igual manera, reconoceremos la emoción que estamos teniendo en ese determinado momento y sabremos manejarla de una manera mucho más eficaz. Somos nosotros los que gestionamos nuestras emociones y no las emociones las que nos gestionan a nosotros.

Los profesores son una pieza fundamental para lograr que los estudiantes y el conjunto de la comunidad educativa retomen su actividad, no solo con la mayor seguridad y certeza ante la situación actual, sino también con los mejores rendimientos académicos y emocionales en un curso escolar que se presenta cargado de retos que superar por parte de todos.

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