Una persona en un pizarrón verde con letras blancas Descripción generada automáticamente con confianza baja

Los padres y docentes como referentes

Las teorías más importantes sobre la función de los modelos de comportamiento se basan en Sigmund Freud, conocido en todo el mundo por ser el fundador del psicoanálisis.

Según Freud, la búsqueda de modelos de comportamiento es un proceso psicodinámico en el que el yo se intenta adecuar al ideal del yo a través de un proceso que él denomina identificación.

El yo-infantil imita el comportamiento de los padres o de otras personas de referencia de su entorno, se identifica a sí mismo a través del comportamiento ajeno.

Al identificarse con sus padres, los niños pequeños intentan solucionar conflictos intrapsíquicos, como por ejemplo el diferenciar entre lo que es correcto e incorrecto. Prácticamente asumen el papel de la persona de referencia, haciendo uso de la empatía.

Las personas solamente realizan una evaluación crítica del comportamiento de la persona de referencia más tarde, cuando los adolescentes comienzan a reflexionar sobre su propia conducta y sustituyen el modelo de comportamiento de sus padres por modelos alternativos. Con frecuencia, la identificación con estos ídolos jóvenes se hace de forma inconsciente. Las características de la persona de referencia no se van adoptando una a una sino que se van activando en función de la situación (y de lo que esté de moda en ese momento).

El que se elija uno o varios modelos de comportamiento depende en gran medida del entorno social del adolescente.

Normalmente, cualquier intento de convertirse o convertir a alguien en un modelo de comportamiento atractivo para jóvenes y niños tiene el efecto contrario. Los hijos de padres orgullosos porque su casa está limpia y ordenada olvidan recoger su habitación o ducharse. Los alumnos de profesores que presumen de puntualidad suelen perder el autobús y llegar tarde a clase.

Los niños y jóvenes no aprenden a elegir un modelo de comportamiento y éste tampoco se les puede enseñar. Más bien se trata de un proceso inmanente y sutil de identificación de un comportamiento modélico. Los niños y jóvenes tienen un gran sentido de lo que es auténtico: no buscan que la persona de referencia sea perfecta e impoluta sino a una persona resoluta que se enfrente a las incertidumbres de la vida. ¡El día a día ya nos aporta a veces una buena dosis de caos y adversidad!

Los jóvenes necesitan patrones que les puedan servir para hacer frente a las dificultades de la vida, ejemplos de superación y modelos de comportamiento que puedan aplicar a su contexto. Desconocen todavía sus propios límites, por lo que padres y educadores sirven tanto de compañeros de batallas como de cianotipos en la lucha por encontrar la mejor solución.

El mejor modelo de comportamiento que pueden dar padres y docentes consiste en respetar los principios básicos que ellos esperan que respeten los niños y alumnos que les han sido confiados.

El conocidísimo filósofo y político Seneca reconoció esta relación, que expresó de la siguiente manera:

«Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos».

Los requisitos principales para hacer que un comportamiento sea digno de imitación son la confianza y la credibilidad.

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